ANGELITA ORTIZ COLADO

Una vida entre hilos, música y tradición

Nació en Daimiel, en el seno de una familia humilde y muy trabajadora, formada por Francisco y Juliana. Desde muy pequeña conoció el valor del esfuerzo y la importancia de salir adelante con dedicación y constancia, dos virtudes que han acompañado cada etapa de su vida.

A temprana edad tuvo que abandonar los estudios. Con tan solo trece años comenzó a dedicarse a la costura, una profesión que, con el paso del tiempo, se convertiría en mucho más que un trabajo: sería su forma de vida. Entre hilos, telas y puntadas, desarrolló una habilidad que le ha permitido crear, transformar y dar vida a numerosas prendas, dejando en cada una de ellas una parte de sí misma.

Su infancia también estuvo ligada al campo y, especialmente, a la vendimia. Siendo aún muy pequeña, su madre la llevaba a La Mancha, donde la familia tenía un plantío, mientras su padre permanecía en Daimiel atendiendo el negocio familiar, un estanco. No sería hasta los doce años cuando comenzaría a vendimiar, junto a su hermana, en la finca de Ramón Fisac. Aquellas primeras experiencias entre viñas, madrugones y jornadas de trabajo quedaron grabadas en su memoria y forman parte de sus raíces manchegas.

Está casada y es madre de tres hijas. La música ocupa un lugar destacado en su familia: su marido, al igual que su padre, es músico, y sus hijas también han seguido ese camino. Fiel a ese ambiente musical y a su espíritu inquieto, ella misma se encuentra estudiando trombón, demostrando que nunca es tarde para aprender, descubrir nuevas habilidades y perseguir nuevas ilusiones.

Su inquietud cultural la llevó a formar parte, desde sus inicios, de la Peña La Garrota. En esta asociación desempeña una labor esencial, encargándose principalmente de la elaboración de los trajes con los que la peña participa en los carnavales. Pero su implicación va mucho más allá de la costura: también participa activamente en los desfiles y en las distintas actividades organizadas por la asociación.

En la actualidad continúa ampliando sus horizontes. Está aprendiendo a bailar bailes regionales y colabora activamente en la Fiesta de la Vendimia, manteniendo vivo el vínculo con una tradición que conoció desde niña. Su historia es la de una mujer trabajadora, creativa y comprometida con su tierra; una mujer que ha sabido convertir cada experiencia en aprendizaje y que, a través de la costura, la música y las tradiciones, sigue escribiendo una vida llena de dedicación, cultura y entusiasmo.